Un avión años 40

Pablo Guerrero

  • Estudio
  • Pablo Guerrero
  • Cliente
  • Entrecanales Domecq e Hijos
  • Año
  • 2017
  • Técnicas
  • Braille
  • Cuatricromía
  • Estampación
  • Relieve
  • Tintas directas

Pablo Guerrero compara su trabajo con un concepto muy del mundo del vino: actuar como la levadura. Bonita metáfora: la levadura fermenta los ingredientes ya presentes en una marca, para transformarlos y elevarlos con el resultado de una nueva expresión, más singular, atractiva y llena de matices. En otras palabras, el protagonista es el trabajo. Y detrás siempre hay mucha escucha, mucho proceso y mucho cuidado. Toda una filosofía que impregna el caso que aquí vemos, la etiqueta de El Aeronauta.

¿Qué cuenta esta etiqueta tan sugerente? Es una historia muy gallega, de alguien que se va de su tierra, se hace piloto y vuelve al cabo de muchos años, movido por el amor a las viñas de su paisaje de la infancia. El motivo central, el mítico avión Douglas DC-3, simboliza esa vida aventurera y glamurosa de la aviación clásica. Es un homenaje a la persona real, el aviador y luego viticultor Fernando González, pero sobre todo es el gancho a un concepto atractivo, que evoca una especie de Ulises de la aeronáutica a ritmo de Frank Sinatra, del que pudimos tirar del hilo para construir la marca y su comunicación.

¿Qué elementos tiene su narrativa? Un tono visual que imagina el mundo de la aviación de los años 40 y 50, con tipografías de época, una iconografía propia de la aeronáutica clásica y pequeños guiños a los aparatos de los aviones antiguos, por ejemplo: el detalle de los visores del avión en la cápsula. Todo recrea una etapa histórica y transporta a una aventura nostálgica, cinematográfica, con el aroma de un gran viaje, de cuando viajar era una aventura singular.

¿De quién es la ilustración? Es de Pablo Pino, un diseñador-ilustrador que trabajó en mi estudio. Pablo identificó perfectamente el icono del DC3, y lo representó con un tono terroso que sugiere los minerales del origen del vino en Valdeorras y con una textura granulada que invoca el estilo visual de una película vintage.

Zoom in Un avión años 40

¿Cómo es técnicamente la etiqueta? Está impresa sobre un papel blanco, que se tintó dejando una reserva donde están las nubes. Es decir, las nubes no están tintadas, son el negativo, el hueco por donde respira el papel. No hay mucho más: una estampación dorada en la frase “Godello sobre lías” y en el símbolo del medidor de estabilidad. Finalmente, el nombre del vino va con un barniz brillante en relieve.

¿Cómo defines tu diseño, tu estilo, tu identidad? Creo que este caso de El Aeronauta lo expresa muy bien. Punto uno: nos gusta el vino y nos gusta el diseño. Entendemos el vino y cuando nos dejan trabajar, disfrutamos, y creo que eso se nota. Punto dos: tratamos de contar historias. Que la etiqueta dé pie a crear una gran historia.

¿Cuántos sois, “fermentando” en el estudio Pablo Guerrero? Somos cuatro. Tres diseñadores gráficos y una persona en administración, gestión y clientes. Tenemos muchos pequeños clientes que nos dejan hacer lo que creemos. A veces con presupuestos muy bajos, y por eso luchamos para conseguir encargos con presupuestos más altos que, al mismo tiempo, nos permitan mantener la libertad y fermentar cosas interesantes. Creo que es por lo que luchamos todos: hacer buenos trabajos y disfrutar.

Zoom in Un avión años 40

¿Qué proyectos te atraen? En el packaging del vino siempre se establece un binomio: o hacemos una cosa muy francesa, muy borgoñona, muy de terroir, con sus letras script y copperplate… o hacemos lo opuesto, algo muy colorista y comercial. Yo creo que en medio hay miles de territorios y caminos que pueden trabajarse sin caer en ninguno de esos dos extremos. Ahí es donde está este Aeronauta.
Es decir, hay ámbitos por explorar, historias por contar más allá de los lugares comunes.

La de El Aeronauta es una etiqueta de vino que no habla de vino. No habla de los temas clásicos del vino, como territorio o elaboración, sino que posiciona el producto en otro lugar, en una connotación fresca y evocadora, que piensa en lo que quiere el target: la ilusión de una buena historia, contada con ingredientes que atraen.

¿Cómo escapar de los tópicos? Lo primero, recrear códigos clásicos del vino, pero introduciendo guiños de ironía, toques inesperados. Hay una anécdota de Stranger&Stranger que cuenta el proceso desarrollado al hacer una etiqueta de un whisky: se fueron a vivir a la destilería y se dedicaron a observar durante unos días todo lo que ocurría. Luego plantearon la etiqueta como un pequeño escenario de teatro donde pasaban muchas cosas. Aparece, por ejemplo, un gato lamiendo un pequeño charco de whisky. Es visualizar lo que no se espera, salirse lo habitual.
Quien quiera ver algo clásico, perfecto. Pero si introducimos un toque diferencial y rompedor, tendremos un buen gancho para contar una historia. Eso implica tomarse tiempo para pensar, indagar, explorar posibilidades y descubrir relatos alternativos que te conecten. El vino es muy autorreferencial y a veces parece que esté examinando a sus consumidores. Para nosotros, la clave es anticipar la experiencia que encontrarás al abrir una botella.